No es que escribir me apasione-apasione, solo es que en algún momento de mi vida me vi escribiendo sobre algo para otros. En la universidad, junto a un grupo de compañeros publicamos una revistita llamada "Oculum". Era un proyecto interesante aunque completamente artesanal. Sacábamos las fotocopias, las recortábamos y las encuadernábamos. Y luego la regalábamos. No era fácil, ni barato y quizá por eso sólo alcanzamos a producir ¡dos números!.
Veinte años después se presentó la oportunidad de colaborar una vez al mes con "El Observador". No se gana nada la verdad, pero supongo que entusiasma la idea que alguien por ahí lee lo que uno escribe y le deja algo. En fin, distinguidas súbditas de Atenea, en esta ocasión quería compartir con Uds. algo que escribí hace tiempo a propósito de la...lectura. Abran muy bien sus 'ocula' ('oculum' significa 'ojo' en latín y el plural de las expresiones latinas terminadas en 'um' es 'a'), lean el siguiente texto y ¡animénse! a escribir algún comentario.
Vamos con lo "hermético".
Si
utsed enitende etso es poqrue su ceerbro lee las palbaras eneteras y no cada
lerta por seapardo.
El
mecanismo de la lectura es un proceso fascinante. Parte siendo una técnica de
decodificación –la de traducir símbolos a sonidos y estos a palabras- pero se
transforma con el tiempo y la práctica en un proceso automático. En la medida
que leemos, tras años de ejercicio nuestro cerebro se encarga de registrar en
sus archivos todas aquellas palabras que ya conocemos. De esta manera, la
lectura deja de ser un ejercicio de decodificación y se transforma en uno de
reconocimiento de palabras ya guardadas en nuestro archivo cerebral. Así, la
lectura se vuelve fluida y ya no requiere el uso de memoria operativa para su
realización. Desde ese momento, los recursos de memoria operativa –o de corto
plazo- quedan disponibles para dedicarlos a captar el mensaje general y
particular del texto. De ahí la importancia de desarrollar la lectura fluida
desde corta edad y de la lectura de todo tipo de textos en los siguientes años.
Mientras mayor sea el reconocimiento de palabras al momento de leer, mayores
son las posibilidades de desarrollar la comprensión lectora.
Pero
no hay lectura sin escritura. La ‘codificación’ de mensajes partió –dejando
fuera lo que respecta a pictogramas y grafismos- hace unos cinco o seis mil
años. No se ha determinado con precisión si la primera escritura nació en Sumer
(Mesopotamia) o Egipto, pero lo cierto es que de aquellas formas de escritura,
principalmente ideográficas –donde el signo representa un concepto y no un
fonema- hasta nuestra actual escritura
alfabética occidental, han pasado muchas cosas.
El
alfabeto occidental es el resultado de una larga evolución. De origen semítico
(creado por semitas de oriente próximo), parece haber sido extendido a través
del Mediterráneo antiguo por los navegantes fenicios. Expresión de ello es que
uno de los centros comerciales más importantes de los fenicios fue la ciudad de
“biblos”. De los fenicios la idea pasó a los griegos y de estos a los romanos,
aunque en realidad el puente entre ambos pueblos fueron los etruscos. He ahí el
alfabeto latino que usamos hoy.
Pero
no hay escritura sin personas que entiendan el código. Sabido es que los
antiguos egipcios daban un poder mágico a la escritura. Lo escrito se hacía
realidad. Eso explica las maldiciones registradas en las entradas a tumbas,
hechas concientemente para evitar saqueos. Pero como la escritura y lectura era
un saber restringido –los famosos escribas puestos casi en el tope de la escala
social egipcia- esto solo tiene sentido si se piensa que escribiendo algo se
hará realidad.
Como
dijimos, la lectura –y escritura se entiende- eran saberes exclusivos de unos
pocos. Quizá ese sea el origen de lo ‘hermético’. Hermes –en Grecia- y el dios egipcio
Tot dan origen a una versión sincrética conocida como Hermes Trismegisto (el
tres veces grande), deidad que supuestamente guardó los antiguos secretos de la
civilización del Nilo. Todo ese conocimiento habría quedado registrado en el
“Corpus hermeticum”, un mítico texto en el que aparte de conocimientos
ancestrales sobre el origen del cosmos, estaría también el origen de la
alquimia. No deja de llamar la atención, sin embargo, que lo ‘hermético’ sea
también el mensaje oculto de un texto (hermeneútica).
Finalmente,
tampoco hay escritura-lectura sin un elemento material que guarde el registro.
El papel surge en el antiguo Egipto en la forma de papiro (de hecho, de ahí
viene la palabra). Este se fabricaba a partir de una planta abundante en el
Nilo, la cyperus papyrus. Las hojas de papiro se almacenaban en forma de
rollos, de ahí que las antiguas bibliotecas no podía recurrir al estante que
solemos ver hoy. Los rollos requerían también sendos trozos de madera que
sirvieran de extremos para el papiro y ejes para el enrollamiento. Pesados y
sin la posibilidad de apilarse, los textos de la biblioteca de Alejandría (la
más grande del mundo antiguo) debieron ocupar mucho espacio.
Y
así fue hasta que los griegos se interesaron por la lectura. La ciudad de Pérgamo
(en la actual Turquía) quería, al parecer, rivalizar con Alejandría en lo que a
libros se refiere. No está claro si los egipcios –que para entonces tenían
bastante influencia griega- cortaron el suministro de papiro a Pérgamo para
mantener su supremacía en el tema, o si los griegos buscaron la independencia
en el suministro de papel. Lo cierto es que estos últimos comenzaron a pensar
en una forma de hacer papel sin recurrir al papiro. Y la respuesta fue obvia:
ovejas.
Así
es como nació el “pergamino”, –ahora ya sabe el por qué del nombre- una forma
de papel hecho a partir de la piel de ovejas. El único problema de este
material, que por lo demás tenía una resistencia excepcional, era que no podía
ser enrollado. Para solucionar la dificultad, los antiguos griegos recurrieron
al truco de apilar las hojas para luego coserlas. Agréguele una cubierta y
contratapa de material más grueso y ahí tiene el libro en la misma forma y
concepto que mantiene hasta la actualidad. De ahí en adelante habría que
esperar un milenio y medio para que fueran inventado los tipos –entiéndase:
imprenta- y otro tanto para llegar a los textos electrónicos, pero eso ya es
otra historia.
Espero
haya tenido una buena lectura.
¡Muy interesante! me llamo mucho la atención el hecho de que la lectura - con práctica- es un proceso automático y, claro, también toda la historia que hay detrás de la misma.
ResponderEliminarLeer es realmente genial, es un viaje mental hacia cualquier parte. A veces pienso que si hay personas que no gustan de la lectura es porque no saben - porque no se les ha enseñado- o porque no entienden (o no les interesa entender) lo maravilloso que puede ser. En serio, los libros han sido parte de mi vida desde siempre, no me imagino sin ellos.
Me gusto mucho el tema. Saludos !
Me gusto la información sobre la escritura y los primeros papiros... también la primera frase... es increíble como nuestro cerebro puede entender palabras desordenadas... Ponga algo curioso po' profe:33 fhskjlhfsjdf:3
ResponderEliminarprofe... ponga mas temas!! eso.... saludos!.
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